¡Recuerde, la mejor forma de descubrir el mundo del vino es experimentando, probando etiquetas de todos estilos, gamas de precio, regiones productivas y bodegas de la DOCa Rioja!

Mitos y realidades de los vinos

“¿Son mejores los vinos más caros?”, “¿qué es un vino acorchado?”, “¿todos los vinos mejoran con el paso del tiempo?”, “¿por qué al tomar vino me duele la cabeza?”. Una y otra vez, estas preguntas surgen entre millones de nuevos consumidores que se aventuran en el mundo del vino. Prepárese para descubrir los mitos y realidades de los fermentados de uva junto a la DOCa Rioja.

Una de las preguntas más frecuentes entre los recién iniciados en el consumo de vino es aquella que dice… “A mayor precio, ¿mejor el vino?”. ¡No, definitivamente! El precio de un vino suele determinarse en base a muchos factores, como el volumen de producción de la bodega, el costo de las materias primas, recursos tecnológicos y humanos con que se produce, crianza en roble y, claramente, la botella o contenedor en que se comercializa. Una vez listo el vino, habrá que agregar el prestigio de la bodega estampado en cada etiqueta, distribución, impuestos… Así, el precio es más bien un indicador de origen, método productivo y demanda del mercado. La DOCa Rioja, por ejemplo, ofrece una de las mejores, si no es que la mejor, relación precio-calidad del mercado internacional, con etiquetas de altísima expresión sensorial en copa, absolutamente reguladas y verificadas en términos productivos, a costos realmente accesibles para cualquier consumidor.

“¡Todo el vino mejora con los años!” La verdad es que no todos los vinos tienen la capacidad de sobrevivir al paso del tiempo. Existen vinos que son diseñados para consumirse jóvenes, en no más de 2 años a partir de su cosecha; otros pueden pasar cuatro, cinco o incluso 10, 20 ó 30 años en guarda mejorando radicalmente. Un buen indicador para identificarlos es su método de cierre en botella; los vinos de consumo rápido normalmente se cierran con taparroscas o tapones sintéticos, mientras que los vinos de guarda, como los DOCa Rioja RESERVA y GRAN RESERVA, generalmente poseen corchos naturales que permiten el paso de pequeñas cantidades de oxígeno al interior de la botella, redondeando así las características del propio fermentado.

¿Qué quiere decir que un vino esté acorchado? Para responder esta pregunta hay que recordar que, históricamente, la gran mayoría de los vinos han utilizado corcho natural para su cierre. Este material se obtiene de la corteza del alcornoque, árbol que puede almacenar elementos naturales que influyen en la expresión y salud del vino. El más común de éstos es un elemento conocido como TCA (Tricloroanisol), claramente identificable como un tono de humedad o madera húmeda en el vino. La forma de detectarlo es sirviendo un poco del vino en copa y, sin rotarlo, olfatear para buscar olores de cartón mojado o humedad; si el vino los presenta, es un producto defectuoso. Es por esta razón que, al ordenar un vino en restaurante, los sommeliers, camareros o vendedores ofrecen pequeñas porciones de vino al cliente, a fin de asegurar su buen estado y continuar así con su servicio.

Por último, es necesario apuntar a la creencia popular que dice: “tomar vino tinto provoca dolor de cabeza”. ¡Es cierto!, existen conservadores empleados en la industria vínica, como los sulfitos, que pueden provocar ese efecto en personas extremadamente sensibles. Hoy en día, en diversas regiones productivas del mundo, las bodegas están obligadas a declarar en las contraetiquetas de sus productos si éstos contienen sulfitos; así, los consumidores hipersensibles pueden decidir conscientemente si desean o no beber tales vinos.

¡Recuerde, la mejor forma de descubrir el mundo del vino es experimentando, probando etiquetas de todos estilos, gamas de precio, regiones productivas y bodegas de la DOCa Rioja!

Pizza fina con mozzarella, higos y jamón serrano

Maridaje

Vino DOCa Rioja Crianza

La pizza crocante dará un toque dulce, resaltando con los higos y el queso las notas lácticas y de café del vino.

Ingredientes

1                           base de pizza, precocida

1                           queso mozarela en rebanadas delgadas

10                         higos en rebanadas delgadas

100g                      jamón serrano, troceado

1 taza                     arúgula

2 cucharadas           aceite de trufa

Preparación

Acomode las rebanadas de queso sobre la base de la pizza, después acomode los higos y el jamón serrano. Hornee a 210ºC por 15 minutos o hasta que la base de la pizza haya dorado. Distribuya el arúgula encima y bañe con el aceite de trufa.

Tiempo de preparación: 30 minutos

Dificultad: Fácil

Rinde 4 porciones

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